El Hospital de Igualada recibió un donativo de un generoso paciente Oncológico, que tenía como objetivo la remodelación completa de todo el hospital de día. Con partidas de fondos adicionales, se completó una dotación económica que permitiese cumplir el objetivo, en un hospital que tenía una estética muy impersonal, deshumanizada, con revestimientos blancos de azulejos, con escasa iluminación natural, y siendo pacientes oncológicos sin ningún tipo de Privacidad ni contemplación por su estado de ánimo ante un reto tan diticil como lo es afrontar ésta enfermedad.
El Director del Hospital en dicho momento (2022) tenía una clarísima visión, que era la de realizar un cambio radical en los protocolos de atención y también en la necesidad de que el edificio acompañase y fuese empático con el paciente.
Nuestro equipo observó múltiples carencias en cuanto a la respuesta que daba el edificio a las necesidades psicológicas de los pacientes. Éstos estaban siendo expuestos públicamente mientras completaban sus infusiones (tratamientos de quimioterapia). Una butaca junto a la de al lado, mirando hacia los pasillos, con un pavimento negro de terrazo, y paredes revestidas con azulejos blancos brillantes, y con pequeñas ventanas a través de las que no se veía nada por estar tapadas con densas cortinas. Por el pasillo, circulaban enfermeras, pacientes, público general y se le otorgaba cero dignidad y privacidad a los pacientes.
La primera línea directriz del proyecto fue la de humanizar y dignificar todos los espacios, creando espacios que transportasen al paciente a espacios totalmente diferentes a los de un hospital.
Un primer tema a resolver era la privacidad. Había que girar la escena. Había que proteger al paciente y quitarlo de las curiosas vistas del público general, y la manera era que las butacas dejasen de mirar hacia el pasillo. El problema es que al girarlas quedaban mirando a la pared de los azulejos pequeños y las ventanas infames. Miramos del otro lado de la pared, y existia una terraza de servicio. Era el techo de un local de la planta inferior, pero que tenía unas vistas increíbles de la sierra circundante. De esa manera la idea era única y la más lógica: tirar la pared y construir una buena terraza con bancos, plantas, un deck de madera como pavimento, luminarias y unas estéticas barandas que no cortasen las visuales. Los azulejos de carnicería dieron paso a enormes ventanales con vista a la nueva terraza jardín y también al paisaje circundante. La terraza se hizo completamente accesible por sillas de ruedas.
Ahora que los pacientes ya estaban a salvo de las miradas extrañas había que protegerlos un poco más, como si de un nido se tratase del entorno inmediato. De esa manera, diseñamos unas cápsulas de tratamientos Oncológicos en forma de T, cuyo diseño permite en las primeras fases del tratamiento que el paciente no vea a su compañero de núcleo, ya que en esta primera fase, el paciente aún no acepta su enfermedad y lo único que quiere es que le metan la quimio e irse y no desea relacionarse. En fases más avanzadas del tratamiento, la cápsula permite adelantando la butaca poder ver y conversar con su compañero de curas.
Para darle un aspecto y ambiente más optimista, hemos tomado como inspiración las cápsulas de Primera Clase de los aviones, que disponen de luces tenues y que inducen al relax, y ocultamos los gases medicinales y resto de instalaciones hospitalarias en la parte de atrás de la cápsula fuera de la vista del paciente.
Sobre el paciente, una luz direccional operada por el paciente ilumina perfectamente un libro sin molestar al vecino. Una pequeña hornacina permite dejar cargando el teléfono y unas tablets del centro otorgan biblioteca y mediateca online en convenio con 3CAT. Detrás de la butaca del paciente hemos incluido un cofre con tapa para dejar bolsos, mochilas y resto de pertenencias del paciente, sin que éste esté nervioso por su control. Cada cápsula incluye una percha empotrable para dejar su abrigo. Una segunda luz operada por la enfermera desde el control trasero de la cápsula permite dar un caudal lumínico con un CRI superior a 95 para visualizar perfectamente y con alto contraste las venas del paciente y que se pueda encontrar las venas al primer pinchazo. Cada butaca es controlada además con un disimulado circuito de video vigilancia (paciente a paciente) y por un sistema de llamado de enfermeras.
Las consultas y salas de espera también están diseñadas teniendo como objetivo la dignificación y privacidad. Se incluyeron además central de enfermería, dos habitaciones de tratamientos para personas encamadas, y una de las habitaciones además ene control de presión y estanqueidad para inmuno deprimidos.